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San Juan.

Si tengo que quemar algo hoy, quemaría pensamientos. Quemaría el constante "has perdido 3 años de tu vida". Quemaría el miedo, ese miedo a la gente, al ambiente, al cambio, al futuro incierto, el miedo a no verte. Perderte.
Quemaría las penas que he ahogado en conductas autodestructivas. En engaños, en mentiras, en silencios y en ruidos. En aclaraciones de garganta, en fantasmas del pasado, en heridas con la cicatriz abriendo paso. Quemaría aquello que tire al mar el año pasado para que se cumpliera. ¿Qué coño? Quizás en otra dimensión te quemaría a ti. Arderian tus palabras, tus miradas, tus farsas. Yo seguiría adelante esta vez, sin tener que estar a la defensiva, sin inseguridad, sin ti.
Si tengo que quemar algo hoy, serían recuerdos. Recuerdos demasiado feos para aún explicados, que los demás entendieran. Al milímetro. Quemaría mis pensamientos. Esos diálogos gilipollas que mantiene mi cabeza. Cuando viese a una chica preciosa en Instagram no me compararia con ella, intentado hallar algo mejor porque mi físico no sirve. Decir te quiero para que no te contesten. Pensar ser horrible, estúpida o una nulidad con un 5'9 en selectividad. Diálogos de mierda.
Quemaría ira. Emociones. Como formas de gritar que es lo que hay. Frío. Calor. Dolor. Ilusión.
Si tengo que quemar algo hoy sería la desilusión, la falta de aire y la despersonalización. El instante en el que pido clemencia.
Quemaría el error de haberte conocido. Las malas decisiones. Aquella noche de agosto.
Finalmente, si tengo que quemar algo hoy es tu respuesta. En la oscuridad. En el coche. En el desconcierto. En el asco.

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