He recorrido con mis ojos, la sensación de marchar de tu
lugar habitual en el que todos los días vives. Se siente una, viva y completa. Quizás
hasta más libre. Calienta mis venas y me abriga, me hace sentir como que puedo
ser feliz y puedo divertirme sin pensar en mañana o en aquel trabajo de CMC que
me está dando dolor de cabeza. Huyes de la maldita rutina y su olor a
monotonía. Resulta extremadamente placentero. Un centro comercial, un teatro,
una buena mañana.
Todo el mundo tiene cicatrices. Todos tienen heridas. Normalmente decimos que se trata de ser fuertes, de seguir adelante, de OLVIDAR . Las personas que no consiguen hacer eso son tildadas de débiles, de tristes. Les echamos la culpa, como "bueno, tú te empeñas en seguir así". No es del todo así. Aquí no hablo de fuertes o de débiles. No hablo de más o menos dolor. No hablo de si son más importantes las enfermedades mentales o las físicas, porque creo que ni siquiera el mundo debería hacerse ese debate. No hablo de errores ni de aciertos. Hablo de lo que hay. De lo que tenemos. De lo que somos. Hablo del derecho a la libertad de expresión. Hablo de HABLAR ante las dudas, ante los problemas. Hablo de que hace dos años que te fuiste. Nos dejaste el dolor que sentías, con el que creías que así vencerías. Dejaste una herida que nunca será cerrada. Esa, NUNCA será cerrada. Tus padres te echan de menos. Vi a tu madre hace un año. Estaba perdida y lo sigue estando. Nunca se rec...

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